V de Vendetta

Una vendetta quintacolumnista

“Vi Veri Veniversum Vivus Vici”
V de Vendetta”. Alan Moore

 

La ciencia ficción es junto con la cibercultura crítica el laboratorio privilegiado del quintacolumnismo. Esto es, la ciencia ficción con sus dos disciplinas fundamentales, literatura y cine, sin olvidar el cómic y, especialmente, a través de sus interrelaciones y contagios. Por ello podemos considerar que si las novelas son las simulaciones teóricas del quintacolumnismo, las películas -con frecuencia, basadas en estas- son sus simulaciones prácticas, las que desarrollan la vertiente estratégica que nos interesa.

 

murillo

 

1- "V Leviatán" (2006) Ilustración de Alfredo Murillo


. Por otra parte, si aquello que la mente calenturienta de un novelista como demiurgo total ha sido capaz de crear es adaptable y adaptado finalmente a la gran pantalla es que tiene visos de funcionar como ficción estratégica quintacolumnista. No porque sea en si misma un producto realista y funcional, sino porque conseguirá mayor audiencia e impacto mediático, lo cual lo volverá más realista y más funcional, al menos socialmente. Y, en cierta manera también, el proceso por el cual la imaginación insurgente y libérrima de un novelista consigue seducir a un guionista, un director y un productor de cine (de Hollywood) hay que considerarlo como todo un éxito de una operación quintacolumnista en toda regla.
No obstante, lamentablemente, quizá porque el futuro ya nos impregna, nos asalta y nos asusta, la ciencia ficción como género cinematográfico vive sus horas más bajas, lejos de la edad dorada de los años 50 o 60. Los novelistas siguen trabajando y explorando universos físicos y mentales, pero exclusivamente para una inmensa minoría global de científicos y adolescentes fantasiosos. La indagación sobre el gran experimento social en que consiste el futuro, como muestran los grandes clásicos de la CF, se ha desvanecido. Hay, es cierto, canales temáticos, foros en Internet, circuitos de fans para la ciencia ficción más convencional. Y todavía nos queda el refugio de la televisión, de la serie B mejor o peor fabricada, en la cual hierve el caldo de cultivo quintacolumnista, aunque sea bajo extrañas formas ‘paranoico-críticas’, después del impacto de Expediente X. Pero sólo, muy de cuando en cuando, una película consigue salvar la cuarentena freakie y convertirse en paradigma de nuestra cultura global.
Este es el caso, indudable, de la célebre trilogía The Matrix (1999-2003), de los hermanos Larry y Andy Wachowsky, el clásico de la ciencia ficción del cine del fin de siglo, aunque sus ingredientes pertenecen completamente al siglo pasado. Se trata de un cine estéticamente ciberpunk que ha conseguido triunfar con una aparente crítica al universo como realidad virtual, gracias a un relato de tintes mesiánicos y a unos espectaculares efectos especiales. Pero no nos interesa glosar aquí su calidad cinematográfica ni las virtudes o defectos de la saga, sobre la que se han escrito numerosos libros y proliferan páginas en la red. Sólo nos interesa su cualidad como posible material quintacolumnista. Y, en este sentido específico, nuestro diagnóstico no puede ser más crítico, no porque no contenga elementos susceptibles de ser entendidos como quintacolumnistas -que los hay y en abundancia- sino por la ambigüedad de su discurso político final y, especialmente, de su decepcionante y fallida doctrina estratégica.

¿Matrix quintacolumnista?

En The Matrix, lo que comienza como una ataque frontal a la perversa tecnología virtual y una llamada a una especie de hacktivismo quintacolumnista en la primera entrega, pronto se convierte en una deliberadamente confusa narración espiritualista. La lucha zelote contra la opresión virtualista de las IAs se transfigura en la búsqueda y las andanzas cristianoides de El Elegido, Neo, el pirata informático que se descubre como el Mesías humano para devolver la esperanza a la Nueva Sión subterránea.
Como bien han señalado numerosos comentaristas, esta ficción deriva en un cuento religioso en el que se mezclan, básicamente, reconocibles elementos budistas, judíos y cristianos, en una amalgama tecno-hermética . No obstante, no creemos con Alí Hassan Montero , que sea primordialmente, una fábula sionista, aunque pueda tener una completa y coherente interpretación al respecto, pues como nos recuerda Jameson la teoría de la conspiración es sólo “el mapa cognitivo de los pobres” . Curiosamente, al final de la trilogía, tras el sacrificio de Neo, no se alcanza la ansiada liberación sino una ambigua entente máquinas-hombres que nos recuerda sospechosamente al final de Metrópolis, la fábula filmada por Fritz Lang cuyo guión proto-nazi es obra de Thea von Harbou, y en la cual el capital (las maquinas) y el trabajador (los rebeldes) se daban finalmente la mano. No obstante, como hemos señalado, los elementos quintacolumnistas de The Matrix siguen siendo demasiado atractivos para ignorarlos por completo. Así,
la lucha clandestina de una serie de células conectadas a través del móvil que rescatan a humanos conscientes y son perseguidos por un malvado FBI, el indestructible agente Smith, nos trae ecos de la persecución contra los hackers o de las batallas campales contra las redes alterglobalistas de Seattle

alfreod murillo

2- "V del demonio nace la esperanza" (2006) Ilustración
de Alfredo Murillo


Pero, más allá de la lucha heroica de estas células que actúan a modo de comandos de infiltración rápida, el trabajo en el interior de Matrix permanece ajeno a cualquier trabajo, aunque sea metafórico, de tipo hiperpolítico. La célula de Morfeo actúa como una vanguardia revolucionaria, de carácter militar, pero no como parte de una red hiperpolítica que promueva la rebelión en el interior de Matrix. El elegido finalmente capitanea a los elegidos, una pandilla de duros elementos que combaten en la pura virtualidad, aunque acaben teniendo bajas reales. Todo se resuelve de acuerdo con tácticas, aunque virtuales, violentas, de una violencia extrema, justamente porque es un videojuego. Mientras el pueblo liberado de Nueva Sión, aparentemente una república, vive refugiado en sus cavernas, a la espera del éxito de las razzias de sus valerosos guerreros, que actúan como expediciones de vikingos a bordo de sus naves piratas.
El paradigma estratégico de los rebeldes de Matrix es la guerrilla exterior que penetra camuflada, eventualmente, en Matrix, pero el único elemento verdaderamente quintacolumnista es el Oráculo, que bajo su apariencia de anciana esconde un programa hereje que ayuda a los humanos desde el interior con su información privilegiada, a modo de enigmática ‘garganta profunda’. El resultado final por tanto no puede ser una estrategia global quintacolumnista sino la guerra frontal en Matrix Revolutions, que milagrosamente sólo puede ser decidida por un improbable milagro. Ésto finiquita los últimos restos de coherencia conceptual de la película, ya que gracias al sacrificio de El Elegido-Salvador predestinado, consiguen una victoria in extremis, una suerte de acuerdo de paz que salva a los humanos del desastre de una estrategia tan claramente estúpida. Los mosquitos nunca conseguirían  matar al buey a base de picotazos, aunque este acabe consintiendo su molesta presencia; la única manera de acabar con él, es inocularle el virus mortal, aunque acabe con la fuente de alimento. Éste es el modelo de resistencia conformista que se aleja de cualquier expectativa quintacolumnista. De entre todas las líneas argumentales que podían haberse seguido Matrix, se ha elegido la más convencional y la menos interesante… puro Hollywood, al fin y al cabo.De ahí que la decepción de numerosos matrix-adictos es la misma que la nuestra a la hora de considerar a la película como paradigma quintacolumnista. Como bien ha señalado Slavoj Zizek, en un nivel previo, más elemental: “Es aquí donde termina Matrix recargado: en un fracaso del mapa cognitivo que refleja perfectamente  el triste destino de la izquierda actual y su lucha contra el sistema”

La Vendetta hiperpolítica

 

Pero el coqueteo de los Wachowsky con las ficciones quintacolumnistas no acaba en el fiasco estético y estratégico de The Matrix. Con la historia compleja y oportuna de V de Vendetta, el siguiente proyecto en el que están involucrados, parece que desearan redimirse de las torpezas y convencionalismos de The Matrix. La película V de Vendetta basada en el cómic de David Lloyd y Alan Moore ha sido dirigida por James McTeigue (primer asistente de dirección en The Matrix), con guión de los hermanos Wachowsky, aunque en un principio se rumoreó que iba a ser dirigida por ellos. Y cabe señalar que, para una amplia mayoría de críticos, de la última hornada de las adaptaciones del cómic al cine, junto a Sin City, es sin duda la más conseguida (lo que no quiere decir más fiel) y la más adulta, más allá del puro entretenimiento. Como veremos, superando incluso en algunos aspectos al cómic original, ya de por si de una inusual calidad narrativa, ya que el mítico guionista Alan Moore ha sabido darle su toque especial. No obstante, la historia del héroe enmascarado que ha de llevar una doble vida es un motivo recurrente del cómic clásico y en el cine de superhéroes, desde El Zorro a Spiderman, y que ha sido revisado de manera crítica por Alan Moore en su colaboración con Dave Gibbons en Watchmen. Y, en cierto sentido, la máscara también es una perfecta metonimia quintacolumnista, sobre todo en ciertos contextos desfavorables; la del ciudadano que ha de ocultarse tras un personaje ficticio para luchar contra el mal y proteger su identidad real y a los suyos.
Sin embargo, el personaje de V, tras la sonriente máscara del revolucionario del siglo XVII Guy Fawkes -protagonista  de la llamada “conspiración de la pólvora” y de la The Bonfire Night, cada 5 de Noviembre-, tiene algunas características singulares. Su máscara tiene obviamente un sentido reivindicativo de una tradición revolucionaria y no preserva una identidad convencional, sino (en la película) un rostro monstruosamente quemado, consecuencia de un incendio cuando era el conejillo de indias de un gobierno fascista en una prisión. Por otro lado, el mal que combate no es el de un super-malo fantástico sino el del propio gobierno que lo convirtió en un monstruo y esclavizó a una Inglaterra para-tacheriana bajo el régimen fascista del partido Fuego Nórdico. V se presenta como una especie de ‘fantasma de la ópera’ en una suerte de ‘1984’ pre-orwelliano, que no lucha por proteger al Estado y a la sociedad sino a la sociedad contra el Estado. Un Estado cuya identificación el Leviatán de Hobbes se identifica con los diferentes aparatos del Estado: la cabeza, el ojo, la nariz, etc. Lo más interesante sin embargo del personaje es que busca una discípula -Eve- para, convenciéndola de que no es un mero terrorista sanguinario sino un luchador por la libertad, de que su labor debe ser continuada.
No hay mitificación del héroe V, ya que no conocemos a la persona bajo su máscara; V sólo es una víctima, un símbolo doloroso, doliente, de la rebeldía anónima. V no ha de llevar una doble vida, su rostro desfigurado se lo impide y le obliga a refugiarse en su palacio misterioso, una especie de almacén de la cultura humanista, y por ello se dedica por entero a la causa, su compromiso es total. V finalmente encarna su propia máscara, la máscara del revolucionario mártir, una máscara que se ofrece a sus herederos para que continúen su labor, aunque Eve, una vez cumplida la vendetta personal contra Leviatán, asuma la máscara para continuar su labor por medios pacíficos. Lo que en el cómic se cuenta con un cierto realismo expresionista (anti-Marvel), en un blanco y negro tintado con colores desvaídos y con abundantes digresiones y tramas paralelas, en la película adquiere unos sombríos pero nítidos colores y se atiene, sintetizándola, a la trama principal, con algunos cambios menores pero significativos. Pero es al final donde aparece una mayor diferencia argumental entre el cómic y la película, quizá de donde proviene la polémica con el guionista del cómic, Alan Moore, escaldado de experiencias anteriores, como el blando entretenimiento de La liga de los hombres extraordinarios, etc.
Las críticas de Moore, curiosamente frente al apoyo de Lloyd, y por lo que se adivina de sus confusas declaraciones, se basan, por un lado, en el inevitable rencor del escritor a la típica traición hollywoodiense a la literaridad del guión y al contexto ideológico en el que se escribió y, por otro, sorprendentemente, a la supuesta interpretación extrapoladora de la película como crítica anti-Bush (¿una rencilla inglesa contra los estadounidenses?). No obstante, ambas parecen más fruto de la coquetería del autor original que juega a vender los derechos, sabiendo que la película siempre es otra cosa y, al tiempo, a criticar a Hollywood por su blandenguería, infantilismo o manipulación política. Lo que desde el punto de vista de un autor tan interesante como celoso puede tener su sentido, desde fuera, para el espectador, parece un gesto entre cínico y exhibicionista. El guión no es una “basura”, como ha declarado Moore, sino francamente bueno aunque obviamente no es ni puede ser, como guión cinematográfico, el guión del cómic, y los posibles excesos reduccionistas y adaptativos son compensados con una fidelidad básica al mensaje original y una oportuna actualización. Por otra parte la crítica de numerosos colectivos libertarios al anarquismo descafeinado de la película cae en el purismo de una obra que no es un “clásico anarquista” sino, mas bien, como ha declarado el propio Moore, una interrogación sobre la legitimidad de la violencia anarquista.Más interesante nos parece, desde el punto de vista quintacolumnista, la utilización del cómic y la película como material proto-anarquista, de agitación crítica, como el caso de La Felguera .
El hecho de que justo cuando iba a estrenarse ocurriera el 7-J en Londres habrá pesado probablemente en una cierta lectura equívoca del mensaje de V como ficción proto-terrorista. Pero la idea del metro como escenario de un ataque terrorista es una mera coincidencia, que ya ha sido empleado en Tokio y el 11-M. Otra diferencia sin embargo sí parece más significativa; la muerte-sacrificio de V, que en el cómic original se resolvía como la apoteosis de una épica personal, en la película, acertadamente, adquiere el carácter de detonador de la rebelión multitudinaria. V, antes de asesinar al tirano y morir, envía miles de máscaras similares a la suya para convocar a los londinenses a una gigantesca manifestación frente al parlamento inglés, que va a ser reventado por la explosión del vagón del metro (en el cómic, la primera acción de V estaba dirigida al Parlamento de Westminster y la última, a la sede del primer ministro en Downing Street, otro acertado cambio de la película).
En cierto sentido, lo que está haciendo es convocar un imaginativo flash mob de máscaras y disfraces, un carnaval revolucionario para una multitud madura, harta de la tiranía. El aparente acto terrorista de explosionar un vagón de metro con V muerto en su interior bajo el Parlamento inglés se convierte más bien en un performance destructivo del símbolo del gobierno tiránico, una especie de fiesta de fuegos artificiales que marca el comienzo de la Toma de la Bastilla y la cesión de la soberanía del Leviatán hobbesiano al pueblo traicionado. V a muerto, a partir de ahora todos sois V, todos somos V, no sólo la heroína Eve, convertida en la nueva V. V no es un terrorista suicida de Al Qaeda llevado por un arrebato de fanatismo nihilista a la locura asesina, sino un símbolo de la rebelión en clave de la multitud de multitudes de Toni Negri, Paolo Virno o Howard Rheingold.
Ciertamente V, el V original y el V cinematográfico tiene un problema con la violencia, más incluso que los karatekas virtuales de Matrix con sus mamporros virtuales; la mayor parte de la trama es precisamente la venganza personal contra los responsables directos de su tragedia personal. No podemos negar que en el personaje V conviven el vengador y el libertador, pero para lo que no hay espacio es para el V terrorista, y menos para el terrorista indiscriminado tipo Mohamed Atta en su avión secuestrado contra las torres gemelas en el 11-S. Y, claramente, en la película, sin esconder el drama personal de la vendetta , que le confiere sustancia dramática y hasta filosófica, se ha primado finalmente el mensaje de la rebelión popular, lo que mejora, actualizando, el cómic (aunque la semilla estuviera en sus páginas, los tiempos eran otros). Alan Moore ha podido sentir traicionada su autoría por los cambios de guión, aunque en esta ocasión hayan sido para bien, pero la acusación de pro-terrorismo u oportunismo resultan absurdas, a pesar del 11-M o el 7-J.
Comparada con The Matrix, V de Vendetta, supone un gran avance político y estratégico, un salto cualitativo aunque sea en términos de pura ficción. No se puede negar que esta singular pareja de los hermanos Wachowsky tiene olfato para los tiempos, tanto para cerrar con The Matrix la era virtualista, como para abrir con V de Vendetta la era hiperpolítica.
Pero la discusión puramente cinematográfica no es nuestro propósito, sino la discusión y valoración quintacolumnista. En este sentido, la decepción de The Matrix como icono y modelo quintacolumnista retoma cierta expectativa con V de Vendetta, aunque tampoco podemos echar las campanas al vuelo. V, aunque tiene las hechuras de un héroe libertario, como vengador obsesivo utiliza primordialmente la violencia, que no es un método quintacolumnista; el sabotaje contra ciertos objetivos materiales es la problemática pero definitiva frontera ética y estratégica del quintacolumnismo. Ni siquiera se plantea el caso del tiranicidio. Pero la oportuna y puntual infiltración quintacolumnista de los medios de comunicación masivos y la guerrilla de comunicación que V practica a su manera, sí son tácticas quintacolumnistas. El héroe romántico y atormentado de V pertenece a una arraigada tradición revolucionaria y es difícil librarnos de su imaginería, pero el pueblo como héroe colectivo sí es quintacolumnista, pues pretende cambiar las estructuras desde abajo y no dar un mero golpe palaciego.
Pero lo más quintacolumnista de la película (sobre la cautela individualista del cómic) es la presencia poderosa de la multitud no como masa desbocada, sino como agente definitivo de la transformación y de la caída de la tiranía. Así, V de Vendetta nos trae ecos, más que del 11-S o 7-J, del 11-M/14-M y su flash mob multitudinario contra la mentira, capaz de dar un vuelvo electoral, sólo que en nuestro caso no hubo falta de héroes ni de explosiones (los únicos que las provocaban era los partidarios de las estrategias de confrontación bélica  en Irak o en Madrid). Por ello V de Vendetta pertenece a un periodo de transición pues todavía se halla a medio camino de las estrategias multitudinarias y pacíficas de la quinta columna (digital). No obstante como referente imaginario es parcialmente válido y puede ser reutilizado para mostrar e impulsar el (no) poder hiperpolítico de la multitud. La idea del disfraz de revolucionario y la máscara han de ser reivindicados como elementos lúdico en la lucha quintacolumnista, aunque el trabajo quitacolumnista haya de ser realizado, siempre que sea posible, a cara descubierta. La máscara quintacolumnista es, a menudo, el rostro personal de cada agente, de cada ciudadano. Hay todavía muchos gobiernos fascistas y para-fascistas bajo regímenes democráticos (formales) que exigen campañas de camuflaje irónico y sabotajes incruentos en el ámbito de la cultura y el arte. Necesitamos emprender una vendetta democrática a través del cine, el cómic, las performances y las acciones artísticas y, obviamente, también de campañas en Internet para reunir, activar y coordinar a las multitudes hiperpolíticas.
La roja V de V de Vendetta resulta enigmática porque tiene su propia, ambigua genealogía. Por un lado es, efectivamente, una V de venganza ‘a la italiana’, entendemos que no puramente mafiosa al estilo de “El padrino”, sino de la venganza como acto reparador, de justicia, de crimen de honor y hasta de trágico e inapelable destino tanto para el ejecutor como para el ejecutado. Pero también es una vendetta contra el Estado-Leviatán tiránico, que ha traicionado el pacto con sus ciudadanos. En este aspecto es una V reafirmada dentro de un círculo rojo, como la A anarquista, esto es, una insinuación del anarquismo del protagonista. Por otra parte la V es también un símbolo de la victoria -la célebre V que formara Winston Churchill con los dedos índice y el corazón, símbolo de la victoria aliada contra los nazis-, pero que nos remite también a la subcultura imaginaria de la rebeldía, como en la serie de televisión “V. Los visitantes”, exitoso producto de ciencia ficción de serie B, que hizo las delicias de los niños y conspiranoicos de los 80 y ahora la Warner Bross recupera, para preparar una secuela actualizada. En ella los rebeldes humanos luchaban como terroristas y saboteadores contra los lagartos disfrazados de humanos (una especie de nazis alienígenas), firmando, como la niñas de V de Vendetta, en las calles su voluntad de victoria también con el graffiti de la V roja.
V de vendetta, que es la propiciatoria V de victoria en todas las guerras, como durante nuestra guerra civil contra el fascismo, y cuya única victoria, aplazada al final de la dictadura, sólo puede alcanzarse como vendetta  quintacolumnista e hiperpolítica. Como señala Alan Moore en el prólogo de la edición de V de Vendetta de 1998: “Buenas noches, Inglaterra. Buenas noches a los servicios nacionales y a la V de la Victoria. Hola a la voz del Destino y a la V DE LA VENDETTA”.

Coda: Propuesta quintacolumnista sobre V de Vendetta

¿Puede V de Vendetta convertirse en un modelo pedagógico de la rebelión anarquista?  Así lo han creído numerosos colectivos libertarios; algunos aprovechando el estreno de la película, justamente para criticarla, ensalzando el cómic (acción de enmascarados de New York), otros como el colectivo La Felguera, para introducir un texto explícitamente libertario sobre la película entre la propaganda de los cines (Madrid). No obstante, pasado el estreno y calmadas -excepto en Internet- las polémicas entre puristas (pro-cómic) y posibilistas (pro-cómic y pro-película), podemos pensar en el posible valor de la película, con sus limitaciones y sus aciertos, como modelo libertario y estrategia quintacolumnista.
Sus posibilidades como divulgación quintacolumnista parecen innegables, sobre todo si se desarrollan en el contexto de un cineforum, para explicitar las tácticas quintacolumnistas de V y de la multitud y, especialmente, si se imagina la lucha tras la desaparición del V original. “Anarquía significa sin líderes, no sin orden. Con la anarquía llega la edad del Ordung: el orden real. El orden voluntario.” Esta es la pregunta del millón: ¿cómo ha de ser el orden libertario, la era de la hiperpolítica absoluta?
Esta es una vía, reflexiva, que merece la pena investigar e imaginar. Sin embargo, de manera más inmediata, surgen las virtualidades de V de Vendetta como guión para la agitación en naciones bajo dictaduras, pseudo-democracias o administraciones totalitarias y ultraderechistas. Para una estrategia quintacolumnista,V puede proporcionar un guión atractivo, una iconografía elaborada (la máscara, más el sombrero y la capa), lemas ingeniosos (“Las ideas son a prueba de balas”, etc.), si no para descabalgar el poder que, en el mundo real responde a claves de mayor complejidad, al menos para impulsar bajo camuflaje estético campañas de insurgencia hiperpolítica. Con el concurso de colectivos artísticos y libertarios, los de mayor afinidad, se puede utilizar algunos o todos los ingredientes de la ficción anarcoide de V de Vendetta en campañas hacktivistas en Internet, exposiciones artivistas o de acciones callejeras.

A continuación, exponemos algunas ideas de nuestra propuesta quintacolumnista de Vendetta hiperpolítica:

-envío de pasquines anónimos con el símbolo de V manipulado/adaptado a cada contexto político
-envío de e-mails de estos pasquines anónimos a través de cadena a amigos, foros, etc.
-convocatoria de flash mob de disfraces y/o máscaras de V (o versiones adaptadas) para ejecutar alguna acción multitudinaria simbólica
-grafittis y pintadas del símbolo de V en paredes y lugares estratégicos
-acción: explosión de urnas como símbolo de la revuelta hiperpolítica, de vendetta democrática
-en torno a las elecciones envío de votos nulos de V o propuesta de votos a determinados partidos progresistas como castigo o vendetta contra la derecha gobernante
-utilización o apropiación de viñetas del cómic para propaganda activista…

La Anarquía prevalece.

CIBERGOLEM
andoniap@unex.es
inakiarzoz@masbytes.es

Webgrafía

 

Sobre la carrera profesional de los hermanos Wachowsky http://www.ambidextrouspics.com/html/andy_and_larry_wachowski.html
Enlace sobre Alan Moore
http://www.guiadelcomic.com/autores/moore.htm
Enlace sobre V de Vendetta
http://www.guiadelcomic.com/comics/v_de_vendetta.htm
Enlace sobre Matrix
http://whatisthematrix.warnerbros.com/castellano/

 

Cita del Fausto de Goethe: “Por el poder de la verdad, mientras viva, habré conquistado el universo”.

El tecno-hermetismo, neologismo que caracteriza la corriente espiritualista o digitalista de la cibercultura, como pretendida realización de los mitos herméticos o gnósticos gracias a la tecnología digital, en Andoni Alonso/Iñaki Arzoz. La Nueva Ciudad de Dios. Un juego cibercultural sobre el tecno-hermetismo. Siruela, Madrid, 2002.

En su interesante artículo “Alteridad en The Matrix” -incluido como colaboración en la página de la quinta columna digital-, Alí Hassan Montero, plantea la hipótesis -el “prejuicio”, nos advierte al principio- de que The Matrix sea propaganda sionista. Y aunque aporta comentarios inteligentes y comparaciones sugerentes, él mismo introduce su mejor contrarréplica, al aludir a la visión de Fredic Jameson en Teoría de la posmodernidad sobre la teoría de la conspiración: “la teoría de la conspiración (y sus estridentes expresiones narrativas) debe entenderse como un intento degradado -mediante la imaginería de la tecnología avanzada- de pensar la totalidad del sistema mundial contemporáneo”. Fredric Jameson. Teoría de la posmodernidad. Trotta, Madrid, 1996. Nuestra opinión es que cualquier ficción popular se muestra rica en interpretaciones posibles, simultáneas e incluso contradictorias. Y lo malo para una ficción posmoderna como esta, no es el siempre fructífero ‘exceso de semiosis’ (al contrario de Umberto Eco), sino una escasez de la misma, una sola interpretación. Pues, con un poco de aplicación se pueden encontrar, quizá, casi, tantos rastros de un Matrix sionista como de un Matrix pro-palestino (o disparatadamente terrorista islamista; las células de Morfeo como comandos de Al Quaeda, Neo como el Mahdi, etc.). No obstante, al final, The Matrix, como tópica fábula insurgente, políticamente poco comprometida y al final decepcionante, se invalida a si misma como “propaganda”, al caer en una conciliación “políticamente correcta” (¿acaso una evocación del acuerdo palestino-israelí sobre los territorios ocupados?). Como señala Zizek, aunque reconoce el mérito de The Matrix como aguafiestas de la “celebración seudodeleuziana de exitosa rebelión de la multitud”, al menos reconoce que “el fracaso narrativo, la imposibilidad de una “buena historia”, (…) marca un fracaso social más fundamental”.
Nuestra visión es que el fenómeno Matrix es básicamente tecno-hermético (un tecno-hermetismo a veces new age) que se sirve hábilmente de ingredientes judeo-cristianos y budistas para conectar con un público con un background cultural y cinéfilo determinado.
La mejor manera de evitar un Matrix subliminalmente sionista (incluso para su propios creadores) es considerar su capacidad como fábula quintacolumnista o, en todo caso, su manipulación quintacolumnista -al menos del planteamiento inicial- contra la ocupación sionista de Palestina. Si no, se corre el riesgo de que la denuncia de la conspiración acabe en la esterilidad paranoide, y no, como debiera, en el activismo

Fredric Jameson. Teoría de la posmodernidad. Trotta, Madrid, 1996.

Slavoj Zizek. La suspensión política de la ética. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005.

Véase el Michael Koohlas de Heinrich von Kleist (Destino, Barcelona, 1990) quien muestra parecida sed de justicia aunque ello implique la autodestrucción.