Una vendetta quintacolumnista
“Vi Veri Veniversum Vivus Vici”
V de Vendetta”. Alan Moore
La ciencia ficción es junto con la cibercultura crítica el laboratorio privilegiado del quintacolumnismo. Esto es, la ciencia ficción con sus dos disciplinas fundamentales, literatura y cine, sin olvidar el cómic y, especialmente, a través de sus interrelaciones y contagios. Por ello podemos considerar que si las novelas son las simulaciones teóricas del quintacolumnismo, las películas -con frecuencia, basadas en estas- son sus simulaciones prácticas, las que desarrollan la vertiente estratégica que nos interesa.

1- "V Leviatán" (2006) Ilustración de Alfredo Murillo
. Por otra parte, si aquello que la mente calenturienta de un novelista como
demiurgo total ha sido capaz de crear es adaptable y adaptado finalmente
a la gran pantalla es que tiene visos de funcionar como ficción
estratégica quintacolumnista. No porque sea en si misma un producto
realista y funcional, sino porque conseguirá mayor audiencia e impacto
mediático, lo cual lo volverá más realista y más
funcional, al menos socialmente. Y, en cierta manera también, el
proceso por el cual la imaginación insurgente y libérrima
de un novelista consigue seducir a un guionista, un director y un productor
de cine (de Hollywood) hay que considerarlo como todo un éxito de
una operación quintacolumnista en toda regla.
No obstante, lamentablemente, quizá porque el futuro ya nos impregna,
nos asalta y nos asusta, la ciencia ficción como género cinematográfico
vive sus horas más bajas, lejos de la edad dorada de los años
50 o 60. Los novelistas siguen trabajando y explorando universos físicos
y mentales, pero exclusivamente para una inmensa minoría global de
científicos y adolescentes fantasiosos. La indagación sobre
el gran experimento social en que consiste el futuro, como muestran los grandes
clásicos de la CF, se ha desvanecido. Hay, es cierto, canales temáticos,
foros en Internet, circuitos de fans para la ciencia ficción más
convencional. Y todavía nos queda el refugio de la televisión,
de la serie B mejor o peor fabricada, en la cual hierve el caldo de cultivo
quintacolumnista, aunque sea bajo extrañas formas ‘paranoico-críticas’,
después del impacto de Expediente X. Pero sólo, muy
de cuando en cuando, una película consigue salvar la cuarentena freakie y
convertirse en paradigma de nuestra cultura global.
Este es el caso, indudable, de la célebre trilogía The
Matrix (1999-2003), de los hermanos Larry y Andy Wachowsky, el clásico
de la ciencia ficción del cine del fin de siglo, aunque sus ingredientes
pertenecen completamente al siglo pasado. Se trata de un cine estéticamente
ciberpunk que ha conseguido triunfar con una aparente crítica al universo
como realidad virtual, gracias a un relato de tintes mesiánicos y
a unos espectaculares efectos especiales. Pero no nos interesa glosar aquí su
calidad cinematográfica ni las virtudes o defectos de la saga, sobre
la que se han escrito numerosos libros y proliferan páginas en la
red. Sólo nos interesa su cualidad como posible material quintacolumnista.
Y, en este sentido específico, nuestro diagnóstico no puede
ser más crítico, no porque no contenga elementos susceptibles
de ser entendidos como quintacolumnistas -que los hay y en abundancia- sino
por la ambigüedad de su discurso político final y, especialmente,
de su decepcionante y fallida doctrina estratégica.
¿Matrix quintacolumnista?
En The Matrix, lo que comienza como una ataque frontal a la perversa tecnología
virtual y una llamada a una especie de hacktivismo quintacolumnista en la
primera entrega, pronto se convierte en una deliberadamente confusa narración
espiritualista. La lucha zelote contra la opresión virtualista de
las IAs se transfigura en la búsqueda y las andanzas cristianoides
de El Elegido, Neo, el pirata informático que se descubre como el
Mesías humano para devolver la esperanza a la Nueva Sión subterránea.
Como bien han señalado numerosos comentaristas, esta ficción
deriva en un cuento religioso en el que se mezclan, básicamente, reconocibles
elementos budistas, judíos y cristianos, en una amalgama tecno-hermética .
No obstante, no creemos con Alí Hassan Montero ,
que sea primordialmente, una fábula sionista, aunque pueda tener una
completa y coherente interpretación al respecto, pues como nos recuerda
Jameson la teoría de la conspiración es sólo “el
mapa cognitivo de los pobres” .
Curiosamente, al final de la trilogía, tras el sacrificio de Neo,
no se alcanza la ansiada liberación sino una ambigua entente máquinas-hombres
que nos recuerda sospechosamente al final de Metrópolis,
la fábula filmada por Fritz Lang cuyo guión proto-nazi es obra
de Thea von Harbou, y en la cual el capital (las maquinas) y el trabajador
(los rebeldes) se daban finalmente la mano. No obstante, como hemos señalado,
los elementos quintacolumnistas de The Matrix siguen siendo demasiado
atractivos para ignorarlos por completo. Así,
la lucha clandestina de una serie de células conectadas a través
del móvil que rescatan a humanos conscientes y son perseguidos por
un malvado FBI, el indestructible agente Smith, nos trae ecos de la persecución
contra los hackers o de las batallas campales contra las redes alterglobalistas
de Seattle

2- "V del demonio nace la esperanza" (2006) Ilustración
de Alfredo Murillo
Pero,
más allá de la lucha heroica de estas células que
actúan a modo de comandos de infiltración rápida,
el trabajo en el interior de Matrix permanece ajeno a cualquier trabajo,
aunque sea metafórico, de tipo hiperpolítico. La célula
de Morfeo actúa como una vanguardia revolucionaria, de carácter
militar, pero no como parte de una red hiperpolítica que promueva
la rebelión en el interior de Matrix. El elegido finalmente capitanea
a los elegidos, una pandilla de duros elementos que combaten en la pura
virtualidad, aunque acaben teniendo bajas reales. Todo se resuelve de acuerdo
con tácticas, aunque virtuales, violentas, de una violencia extrema,
justamente porque es un videojuego. Mientras el pueblo liberado de Nueva
Sión, aparentemente una república, vive refugiado en sus
cavernas, a la espera del éxito de las razzias de sus valerosos
guerreros, que actúan como expediciones de vikingos a bordo de sus
naves piratas.
El paradigma estratégico de los rebeldes de Matrix es la guerrilla
exterior que penetra camuflada, eventualmente, en Matrix, pero el único
elemento verdaderamente quintacolumnista es el Oráculo, que bajo su
apariencia de anciana esconde un programa hereje que ayuda a los humanos
desde el interior con su información privilegiada, a modo de enigmática ‘garganta
profunda’. El resultado final por tanto no puede ser una estrategia
global quintacolumnista sino la guerra frontal en Matrix Revolutions,
que milagrosamente sólo puede ser decidida por un improbable milagro. Ésto
finiquita los últimos restos de coherencia conceptual de la película,
ya que gracias al sacrificio de El Elegido-Salvador predestinado, consiguen
una victoria in extremis, una suerte de acuerdo de paz que salva a los humanos
del desastre de una estrategia tan claramente estúpida. Los mosquitos
nunca conseguirían matar al buey a base de picotazos, aunque
este acabe consintiendo su molesta presencia; la única manera de acabar
con él, es inocularle el virus mortal, aunque acabe con la fuente
de alimento. Éste es el modelo de resistencia conformista que se aleja
de cualquier expectativa quintacolumnista. De entre todas las líneas
argumentales que podían haberse seguido Matrix, se ha elegido la más
convencional y la menos interesante… puro Hollywood, al fin y al cabo.De
ahí que la decepción de numerosos matrix-adictos es la misma
que la nuestra a la hora de considerar a la película como paradigma
quintacolumnista. Como bien ha señalado Slavoj Zizek, en un nivel
previo, más elemental: “Es aquí donde termina Matrix
recargado: en un fracaso del mapa cognitivo que refleja perfectamente el
triste destino de la izquierda actual y su lucha contra el sistema”
Pero el coqueteo de los Wachowsky con las ficciones quintacolumnistas no
acaba en el fiasco estético y estratégico de The Matrix.
Con la historia compleja y oportuna de V de Vendetta, el siguiente
proyecto en el que están involucrados, parece que desearan redimirse
de las torpezas y convencionalismos de The Matrix. La película V
de Vendetta basada en el cómic de David Lloyd y Alan Moore ha
sido dirigida por James McTeigue (primer asistente de dirección en The
Matrix), con guión de los hermanos Wachowsky, aunque en un principio
se rumoreó que iba a ser dirigida por ellos. Y cabe señalar
que, para una amplia mayoría de críticos, de la última
hornada de las adaptaciones del cómic al cine, junto a Sin City,
es sin duda la más conseguida (lo que no quiere decir más fiel)
y la más adulta, más allá del puro entretenimiento.
Como veremos, superando incluso en algunos aspectos al cómic original,
ya de por si de una inusual calidad narrativa, ya que el mítico guionista
Alan Moore ha sabido darle su toque especial. No obstante, la historia del
héroe enmascarado que ha de llevar una doble vida es un motivo recurrente
del cómic clásico y en el cine de superhéroes, desde
El Zorro a Spiderman, y que ha sido revisado de manera crítica por
Alan Moore en su colaboración con Dave Gibbons en Watchmen.
Y, en cierto sentido, la máscara también es una perfecta metonimia
quintacolumnista, sobre todo en ciertos contextos desfavorables; la del ciudadano
que ha de ocultarse tras un personaje ficticio para luchar contra el mal
y proteger su identidad real y a los suyos.
Sin embargo, el personaje de V, tras la sonriente máscara del revolucionario
del siglo XVII Guy Fawkes -protagonista de la llamada “conspiración
de la pólvora” y de la The Bonfire Night, cada 5 de
Noviembre-, tiene algunas características singulares. Su máscara
tiene obviamente un sentido reivindicativo de una tradición revolucionaria
y no preserva una identidad convencional, sino (en la película) un
rostro monstruosamente quemado, consecuencia de un incendio cuando era el
conejillo de indias de un gobierno fascista en una prisión. Por otro
lado, el mal que combate no es el de un super-malo fantástico sino
el del propio gobierno que lo convirtió en un monstruo y esclavizó a
una Inglaterra para-tacheriana bajo el régimen fascista del partido
Fuego Nórdico. V se presenta como una especie de ‘fantasma de
la ópera’ en una suerte de ‘1984’ pre-orwelliano,
que no lucha por proteger al Estado y a la sociedad sino a la sociedad contra
el Estado. Un Estado cuya identificación el Leviatán de Hobbes
se identifica con los diferentes aparatos del Estado: la cabeza, el ojo,
la nariz, etc. Lo más interesante sin embargo del personaje es que
busca una discípula -Eve- para, convenciéndola de que no es
un mero terrorista sanguinario sino un luchador por la libertad, de que su
labor debe ser continuada.
No
hay mitificación del héroe V, ya que no conocemos a la persona
bajo su máscara; V sólo es una víctima, un símbolo
doloroso, doliente, de la rebeldía anónima. V no ha de llevar
una doble vida, su rostro desfigurado se lo impide y le obliga a refugiarse
en su palacio misterioso, una especie de almacén de la cultura humanista,
y por ello se dedica por entero a la causa, su compromiso es total. V finalmente
encarna su propia máscara, la máscara del revolucionario mártir,
una máscara que se ofrece a sus herederos para que continúen
su labor, aunque Eve, una vez cumplida la vendetta personal contra Leviatán,
asuma la máscara para continuar su labor por medios pacíficos.
Lo que en el cómic se cuenta con un cierto realismo expresionista (anti-Marvel),
en un blanco y negro tintado con colores desvaídos y con abundantes
digresiones y tramas paralelas, en la película adquiere unos sombríos
pero nítidos colores y se atiene, sintetizándola, a la trama
principal, con algunos cambios menores pero significativos. Pero es al final
donde aparece una mayor diferencia argumental entre el cómic y la película,
quizá de donde proviene la polémica con el guionista del cómic,
Alan Moore, escaldado de experiencias anteriores, como el blando entretenimiento
de La liga de los hombres extraordinarios, etc.
Las críticas de Moore, curiosamente frente al apoyo de Lloyd, y por
lo que se adivina de sus confusas declaraciones, se basan, por un lado, en
el inevitable rencor del escritor a la típica traición hollywoodiense
a la literaridad del guión y al contexto ideológico en el que
se escribió y, por otro, sorprendentemente, a la supuesta interpretación
extrapoladora de la película como crítica anti-Bush (¿una
rencilla inglesa contra los estadounidenses?). No obstante, ambas parecen
más fruto de la coquetería del autor original que juega a vender
los derechos, sabiendo que la película siempre es otra cosa y, al
tiempo, a criticar a Hollywood por su blandenguería, infantilismo
o manipulación política. Lo que desde el punto de vista de
un autor tan interesante como celoso puede tener su sentido, desde fuera,
para el espectador, parece un gesto entre cínico y exhibicionista.
El guión no es una “basura”, como ha declarado Moore,
sino francamente bueno aunque obviamente no es ni puede ser, como guión
cinematográfico, el guión del cómic, y los posibles
excesos reduccionistas y adaptativos son compensados con una fidelidad básica
al mensaje original y una oportuna actualización. Por otra parte la
crítica de numerosos colectivos libertarios al anarquismo descafeinado
de la película cae en el purismo de una obra que no es un “clásico
anarquista” sino, mas bien, como ha declarado el propio Moore, una
interrogación sobre la legitimidad de la violencia anarquista.Más
interesante nos parece, desde el punto de vista quintacolumnista, la utilización
del cómic y la película como material proto-anarquista, de
agitación crítica, como el caso de La Felguera .
El hecho de que justo cuando iba a estrenarse ocurriera el 7-J en Londres
habrá pesado probablemente en una cierta lectura equívoca del
mensaje de V como ficción proto-terrorista. Pero la idea del metro
como escenario de un ataque terrorista es una mera coincidencia, que ya ha
sido empleado en Tokio y el 11-M. Otra diferencia sin embargo sí parece
más significativa; la muerte-sacrificio de V, que en el cómic
original se resolvía como la apoteosis de una épica personal,
en la película, acertadamente, adquiere el carácter de detonador
de la rebelión multitudinaria. V, antes de asesinar al tirano y morir,
envía miles de máscaras similares a la suya para convocar a
los londinenses a una gigantesca manifestación frente al parlamento
inglés, que va a ser reventado por la explosión del vagón
del metro (en el cómic, la primera acción de V estaba dirigida
al Parlamento de Westminster y la última, a la sede del primer ministro
en Downing Street, otro acertado cambio de la película).
En cierto sentido, lo que está haciendo es convocar un imaginativo flash
mob de máscaras y disfraces, un carnaval revolucionario para
una multitud madura, harta de la tiranía. El aparente acto terrorista
de explosionar un vagón de metro con V muerto en su interior bajo
el Parlamento inglés se convierte más bien en un performance destructivo
del símbolo del gobierno tiránico, una especie de fiesta de
fuegos artificiales que marca el comienzo de la Toma de la Bastilla y la
cesión de la soberanía del Leviatán hobbesiano al pueblo
traicionado. V a muerto, a partir de ahora todos sois V, todos somos V, no
sólo la heroína Eve, convertida en la nueva V. V no es un terrorista
suicida de Al Qaeda llevado por un arrebato de fanatismo nihilista a la locura
asesina, sino un símbolo de la rebelión en clave de la multitud
de multitudes de Toni Negri, Paolo Virno o Howard Rheingold.
Ciertamente V, el V original y el V cinematográfico tiene un problema
con la violencia, más incluso que los karatekas virtuales de Matrix
con sus mamporros virtuales; la mayor parte de la trama es precisamente la
venganza personal contra los responsables directos de su tragedia personal.
No podemos negar que en el personaje V conviven el vengador y el libertador,
pero para lo que no hay espacio es para el V terrorista, y menos para el
terrorista indiscriminado tipo Mohamed Atta en su avión secuestrado
contra las torres gemelas en el 11-S. Y, claramente, en la película,
sin esconder el drama personal de la vendetta , que le confiere sustancia
dramática y hasta filosófica, se ha primado finalmente el mensaje
de la rebelión popular, lo que mejora, actualizando, el cómic
(aunque la semilla estuviera en sus páginas, los tiempos eran otros).
Alan Moore ha podido sentir traicionada su autoría por los cambios
de guión, aunque en esta ocasión hayan sido para bien, pero
la acusación de pro-terrorismo u oportunismo resultan absurdas, a
pesar del 11-M o el 7-J.
Comparada con The Matrix, V de Vendetta, supone un gran
avance político y estratégico, un salto cualitativo aunque
sea en términos de pura ficción. No se puede negar que esta
singular pareja de los hermanos Wachowsky tiene olfato para los tiempos,
tanto para cerrar con The Matrix la era virtualista, como para abrir
con V de Vendetta la era hiperpolítica.
Pero la discusión puramente cinematográfica no es nuestro propósito,
sino la discusión y valoración quintacolumnista. En este sentido,
la decepción de The Matrix como icono y modelo quintacolumnista
retoma cierta expectativa con V de Vendetta, aunque tampoco podemos
echar las campanas al vuelo. V, aunque tiene las hechuras de un héroe
libertario, como vengador obsesivo utiliza primordialmente la violencia,
que no es un método quintacolumnista; el sabotaje contra ciertos objetivos
materiales es la problemática pero definitiva frontera ética
y estratégica del quintacolumnismo. Ni siquiera se plantea el caso
del tiranicidio. Pero la oportuna y puntual infiltración quintacolumnista
de los medios de comunicación masivos y la guerrilla de comunicación
que V practica a su manera, sí son tácticas quintacolumnistas.
El héroe romántico y atormentado de V pertenece a una arraigada
tradición revolucionaria y
es difícil librarnos de su imaginería, pero el pueblo como
héroe colectivo sí es quintacolumnista, pues pretende cambiar
las estructuras desde abajo y no dar un mero golpe palaciego.
Pero lo más quintacolumnista de la película (sobre la cautela
individualista del cómic) es la presencia poderosa de la multitud
no como masa desbocada, sino como agente definitivo de la transformación
y de la caída de la tiranía. Así, V de Vendetta nos
trae ecos, más que del 11-S o 7-J, del 11-M/14-M y su flash mob multitudinario
contra la mentira, capaz de dar un vuelvo electoral, sólo que en nuestro
caso no hubo falta de héroes ni de explosiones (los únicos
que las provocaban era los partidarios de las estrategias de confrontación
bélica en Irak o en Madrid). Por ello V de Vendetta pertenece
a un periodo de transición pues todavía se halla a medio camino
de las estrategias multitudinarias y pacíficas de la quinta columna
(digital). No obstante como referente imaginario es parcialmente válido
y puede ser reutilizado para mostrar e impulsar el (no) poder hiperpolítico
de la multitud. La idea del disfraz de revolucionario y la máscara
han de ser reivindicados como elementos lúdico en la lucha quintacolumnista,
aunque el trabajo quitacolumnista haya de ser realizado, siempre que sea
posible, a cara descubierta. La máscara quintacolumnista es, a menudo,
el rostro personal de cada agente, de cada ciudadano. Hay todavía
muchos gobiernos fascistas y para-fascistas bajo regímenes democráticos
(formales) que exigen campañas de camuflaje irónico y sabotajes
incruentos en el ámbito de la cultura y el arte. Necesitamos emprender
una vendetta democrática a través del cine, el cómic,
las performances y las acciones artísticas y, obviamente, también
de campañas en Internet para reunir, activar y coordinar a las multitudes
hiperpolíticas.
La roja V de V de Vendetta resulta enigmática porque tiene
su propia, ambigua genealogía. Por un lado es, efectivamente, una
V de venganza ‘a la italiana’, entendemos que no puramente mafiosa
al estilo de “El padrino”, sino de la venganza como acto reparador,
de justicia, de crimen de honor y hasta de trágico e inapelable destino
tanto para el ejecutor como para el ejecutado. Pero también es una
vendetta contra el Estado-Leviatán tiránico, que ha traicionado
el pacto con sus ciudadanos. En este aspecto es una V reafirmada dentro de
un círculo rojo, como la A anarquista, esto es, una insinuación
del anarquismo del protagonista. Por otra parte la V es también un
símbolo de la victoria -la célebre V que formara Winston Churchill
con los dedos índice y el corazón, símbolo de la victoria
aliada contra los nazis-, pero que nos remite también a la subcultura
imaginaria de la rebeldía, como en la serie de televisión “V.
Los visitantes”, exitoso producto de ciencia ficción de serie
B, que hizo las delicias de los niños y conspiranoicos de
los 80 y ahora la Warner Bross recupera, para preparar una secuela actualizada.
En ella los rebeldes humanos luchaban como terroristas y saboteadores contra
los lagartos disfrazados de humanos (una especie de nazis alienígenas),
firmando, como la niñas de V de Vendetta, en las calles su voluntad
de victoria también con el graffiti de la V roja.
V de vendetta, que es la propiciatoria V de victoria en todas las
guerras, como durante nuestra guerra civil contra el fascismo, y cuya única
victoria, aplazada al final de la dictadura, sólo puede alcanzarse como
vendetta quintacolumnista e hiperpolítica. Como señala
Alan Moore en el prólogo de la edición de V de Vendetta de 1998: “Buenas
noches, Inglaterra. Buenas noches a los servicios nacionales y a la V de la
Victoria. Hola a la voz del Destino y a la V DE LA VENDETTA”.
Coda: Propuesta quintacolumnista sobre V de Vendetta
¿Puede V de Vendetta convertirse en un modelo pedagógico
de la rebelión anarquista? Así lo han creído numerosos
colectivos libertarios; algunos aprovechando el estreno de la película,
justamente para criticarla, ensalzando el cómic (acción de
enmascarados de New York), otros como el colectivo La Felguera, para introducir
un texto explícitamente libertario sobre la película entre
la propaganda de los cines (Madrid). No obstante, pasado el estreno y calmadas
-excepto en Internet- las polémicas entre puristas (pro-cómic)
y posibilistas (pro-cómic y pro-película), podemos pensar en
el posible valor de la película, con sus limitaciones y sus aciertos,
como modelo libertario y estrategia quintacolumnista.
Sus posibilidades como divulgación quintacolumnista parecen innegables,
sobre todo si se desarrollan en el contexto de un cineforum, para explicitar
las tácticas quintacolumnistas de V y de la multitud y, especialmente,
si se imagina la lucha tras la desaparición del V original. “Anarquía
significa sin líderes, no sin orden. Con la anarquía llega
la edad del Ordung: el orden real. El orden voluntario.” Esta es la
pregunta del millón: ¿cómo ha de ser el orden libertario,
la era de la hiperpolítica absoluta?
Esta es una vía, reflexiva, que merece la pena investigar e imaginar.
Sin embargo, de manera más inmediata, surgen las virtualidades de V
de Vendetta como guión para la agitación en naciones bajo
dictaduras, pseudo-democracias o administraciones totalitarias y ultraderechistas.
Para una estrategia quintacolumnista,V puede proporcionar un guión
atractivo, una iconografía elaborada (la máscara, más
el sombrero y la capa), lemas ingeniosos (“Las ideas son a prueba de
balas”, etc.), si no para descabalgar el poder que, en el mundo real
responde a claves de mayor complejidad, al menos para impulsar bajo camuflaje
estético campañas de insurgencia hiperpolítica. Con
el concurso de colectivos artísticos y libertarios, los de mayor afinidad,
se puede utilizar algunos o todos los ingredientes de la ficción anarcoide
de V de Vendetta en campañas hacktivistas en Internet, exposiciones artivistas o
de acciones callejeras.
A continuación, exponemos algunas ideas de nuestra propuesta quintacolumnista de Vendetta hiperpolítica:
-envío de pasquines anónimos con el símbolo de V manipulado/adaptado
a cada contexto político
-envío de e-mails de estos pasquines anónimos a través
de cadena a amigos, foros, etc.
-convocatoria de flash mob de disfraces y/o máscaras de V
(o versiones adaptadas) para ejecutar alguna acción multitudinaria
simbólica
-grafittis y pintadas del símbolo de V en paredes y lugares estratégicos
-acción: explosión de urnas como símbolo de la revuelta
hiperpolítica, de vendetta democrática
-en torno a las elecciones envío de votos nulos de V o propuesta de
votos a determinados partidos progresistas como castigo o vendetta contra
la derecha gobernante
-utilización o apropiación de viñetas del cómic
para propaganda activista…
La Anarquía prevalece.
CIBERGOLEM
andoniap@unex.es
inakiarzoz@masbytes.es
Sobre la carrera profesional de los hermanos Wachowsky http://www.ambidextrouspics.com/html/andy_and_larry_wachowski.html
Enlace sobre Alan Moore
http://www.guiadelcomic.com/autores/moore.htm
Enlace sobre V de Vendetta
http://www.guiadelcomic.com/comics/v_de_vendetta.htm
Enlace sobre Matrix
http://whatisthematrix.warnerbros.com/castellano/
Cita del Fausto de Goethe: “Por el poder de la verdad, mientras viva, habré conquistado el universo”.
El tecno-hermetismo, neologismo que caracteriza la corriente espiritualista o digitalista de la cibercultura, como pretendida realización de los mitos herméticos o gnósticos gracias a la tecnología digital, en Andoni Alonso/Iñaki Arzoz. La Nueva Ciudad de Dios. Un juego cibercultural sobre el tecno-hermetismo. Siruela, Madrid, 2002.
En su interesante artículo “Alteridad
en The Matrix” -incluido como colaboración en la página
de la quinta columna digital-, Alí Hassan Montero, plantea la
hipótesis -el “prejuicio”, nos advierte al principio-
de que The Matrix sea propaganda sionista. Y aunque aporta comentarios
inteligentes y comparaciones sugerentes, él mismo introduce su
mejor contrarréplica, al aludir a la visión de Fredic Jameson
en Teoría de la posmodernidad sobre la teoría
de la conspiración: “la teoría de la conspiración
(y sus estridentes expresiones narrativas) debe entenderse como un intento
degradado -mediante la imaginería de la tecnología avanzada-
de pensar la totalidad del sistema mundial contemporáneo”.
Fredric Jameson. Teoría de la posmodernidad. Trotta,
Madrid, 1996. Nuestra opinión es que cualquier ficción
popular se muestra rica en interpretaciones posibles, simultáneas
e incluso contradictorias. Y lo malo para una ficción posmoderna
como esta, no es el siempre fructífero ‘exceso de semiosis’ (al
contrario de Umberto Eco), sino una escasez de la misma, una sola interpretación.
Pues, con un poco de aplicación se pueden encontrar, quizá,
casi, tantos rastros de un Matrix sionista como de un Matrix pro-palestino
(o disparatadamente terrorista islamista; las células de Morfeo
como comandos de Al Quaeda, Neo como el Mahdi, etc.). No obstante, al
final, The Matrix, como tópica fábula insurgente,
políticamente poco comprometida y al final decepcionante, se invalida
a si misma como “propaganda”, al caer en una conciliación “políticamente
correcta” (¿acaso una evocación del acuerdo palestino-israelí sobre
los territorios ocupados?). Como señala Zizek, aunque reconoce
el mérito de The Matrix como aguafiestas de la “celebración
seudodeleuziana de exitosa rebelión de la multitud”, al
menos reconoce que “el fracaso narrativo, la imposibilidad de una “buena
historia”, (…) marca un fracaso social más fundamental”.
Nuestra visión es que el fenómeno Matrix es básicamente
tecno-hermético (un tecno-hermetismo a veces new age)
que se sirve hábilmente de ingredientes judeo-cristianos y budistas
para conectar con un público con un background cultural
y cinéfilo determinado.
La mejor manera de evitar un Matrix subliminalmente sionista (incluso
para su propios creadores) es considerar su capacidad como fábula
quintacolumnista o, en todo caso, su manipulación quintacolumnista
-al menos del planteamiento inicial- contra la ocupación sionista
de Palestina. Si no, se corre el riesgo de que la denuncia de la conspiración
acabe en la esterilidad paranoide, y no, como debiera, en el activismo
La Felguera http://www.nodo50.org/lafelguera/principal/