
Alien, de H. R. Giger en la película homónima de Ridley Scott
De cómo criar al Alien quintacolumnista (la ciencia ficción como laboratorio estratégico)
El hombre ante el monitor de televisión dijo “Cállense, Estamos escuchando”, y subió el volumen. La voz del locutor estalló “Washington fue completamente destruido antes de que el gobierno pudiera escapar. Con Manhattan en ruinas no queda...”
Robert Heinlen, La Sexta Columna
La temática hiperpolítica y quintacolumnista es un motivo recurrente en la ciencia ficción de perfil crítico, repleta de distopías futuristas y por consiguiente de rebeliones planetarias. En la Prótesis hiperfilosófica (apéndice) del libro La quinta columna digital, titulada Hacia una ciencia ficción hiperpolítica ya bosquejamos una aproximación al tema, señalando una serie de novelas y películas de inequívoco aliento hiperpolítico e, incluso, propusimos un Código hiperpolítico para una ciencia ficción alternativa. No obstante, creemos que, además, es posible interrogar a la ciencia ficción sobre la cuestión más específica de la estrategia quintacolumnista, esto es:
¿hay en la ciencia ficción nociones de estrategia y tácticas quintacolumnistas susceptibles de ser utilizadas para el avance de la hiperpolítica?
Francamente, creemos que sí, la ciencia ficción, convenientemente cribada, interpretada y actualizada es un semillero estratégico.
Y, en esta tarea, un libro reciente como No pasarán. Las invasiones alienígenas de Wells a Spielberg (1) de Carlos A. Scolari puede resultar una buena guía para a abordar la cuestión, aunque sólo parcialmente trata de alienígenas quintacolumnistas.La estrategia quintacolumnista ha sido, para los alienígenas post-Wells, la doctrina privilegiada. Si el propósito ya no era la mera destrucción de la humanidad, sino una especie de parasitismo, de nada valían ya los cañones fotónicos. Era precisa una estrategia sutil y a largo plazo, que conservara el ecosistema humano para uso y disfrute de los alienígenas.
Así es como, tras la cruenta guerra mundial, en la época de la guerra fría, se estableció el paradigma de la estrategia quintacolumnista alienígena como metáfora de la insidiosa invasión comunista. Clásicos como La invasión de los ladrones de cuerpos (1956) de Don Siegel, en el que los seres humanos son copiados y sustituidos por dobles alienígenas -crecidos en vainas vegetales- mientras duermen, representa a la perfección la magnitud de la nueva amenaza. El enemigo a temer ya no es el monstruo horripilante del espacio exterior sino el compañero de oficina, el amable vecino, la seductora novia y, finalmente, uno mismo; el enemigo está en casa y hay que permanecer alerta, sospechando de todo y de todos. A partir de este modelo han sido muy numerosas las versiones de esta invasión quintacolumnista, inspirada en el miedo a la infiltración comunista que merced a unos pocos casos reales (como el del matrimonio Rosenberg, ejecutados en 1953) degeneró en la paranoia del maccarthysmo y la caza de brujas.
Justamente hasta que llegó Steven Spielberg con su torpe remake de La guerra de los mundos (2004), el quintacolumnismo era la verdadera amenaza en la ciencia-ficción, bien abonada por series paranoico-críticas como Expediente X (X-Files) o El elegido (First Wave), en las cuales tomaba carta de naturaleza la figura del peor de los infiltrados: el híbrido o mestizo de humano y alienígena (con sus inevitables lecturas políticas respecto a la política inmigratoria de Estados Unidos).
En este nuevo mundo de la paranoia, donde el miedo al comunista se transmuta sin solución de continuidad en el pánico al terrorista islamista, reinaba y reina todavía el mago oscuro y adalid tecno-hermético, Philip K. Dick, cuyas novelas y cuentos han servido de inspiración para numerosas películas de serie A o B, muchas de ellas trufadas de quintacolumnismo negro, como Paychek (Yon Woo, 2003), Desafío total (Paul Verhoeven, 1990) o Minority Report (Spielberg, 2002) y, especialmente, El impostor (Gary Fleder, 2002). En ellas la táctica preferida de infiltración consistía en convertir a un ser humano corriente -estratégicamente colocado en una estructura de poder ejecutivo- en un agente involuntario de la invasión o de la rebelión, según los casos.
No obstante, con ser la películas de ciencia ficción interesantes para apreciar cierta actitud quintacolumnista, es quizá en las novelas, con más espacio para la reflexión imaginativa, donde se hallen elementos más precisos para ser analizados por su valor como estrategia o táctica quintacolumnistas en el terreno real, no imaginario, de la hiperpolítica cotidiana. En este sentido, una de las más sugerentes es Babel-17 (1966) de Samuel Delany, en la cual se plantea cómo la mera utilización de una suerte de lenguaje alienígena encriptado, trasmuta al hablante en un agente saboteador al servicio de los invasores. La novela, un ejemplo de la influencia de la filosofía del lenguaje wittgenstaniana de la época (2), ya tuvo su carta de presentación en la célebre 1984 (1948) de George Orwell y su “neolengua” (Newspeak). Lo que evidencian estas ficciones lingüísticas, es que del mismo modo que el lenguaje es el más poderoso de los instrumentos de propaganda, también puede convertirse en el más audaz medio de contrapropaganda, es decir, de quintacolumnismo alternativo e hiperpolítico.
La lección es que la alterglobalización no debe dejarse arrebatar el lenguaje, ni siquiera aquellos términos que el pensamiento único ha adoptado para desactivarlos. En cualquier circunstancia, debemos generar desde estrategias de reciclaje retórico-subversivo en torno a términos devaluados como “política” o “democracia”, hasta crear o servirnos de neologismos, justamente como ‘quintacolumnismo digital’ o ‘hiperpolítica’. Y en esta tarea, la ciencia ficción, con su inmensa capacidad para crear nuevos espacios para la posibilidad, puede jugar un papel importante y, además, enseñarnos, en otros ámbitos, a generar neologismos a modo de realidades virtuales, como llaves conceptuales para que en la mente del lector se abra el acceso quintacolumnista a la hiperpolítica alternativa.
Por ello, una de las tareas más importantes del quintacolumnismo hiperpolítico consiste en ofrecer al lenguaje -ese comunal planetario-, esos nuevos conceptos, a manera de proto-memes (sin la carga cientificista de este concepto acuñado por Richard Dawkins ) para que circulen como virus infecciosos/regeneradores por las redes del cibermundo.
Si la táctica lingüística es importante, no lo es menos la estrategia quintacolumnista a largo plazo, justamente la que nos muestra la novela The Midwich Cuckoos (1957) de John Wyndham, que ha tenido varias versiones cinematográficas, especialmente, la del clásico de Wolf Rilla, Village of the Damned (1960). En este modelo de invasión, los extraterrestres son los niños nacidos misteriosamente un mismo día en un pueblo inglés, hasta que ya crecidos, se hacen con su control. Lo que nos señala esta ficción es que el verdadero quintacolumnismo ha de nacer arraigado en la infancia y desde la escuela. De ahí la importancia de una educación paralela de carácter hiperpolítico (3) desde la más tierna infancia hasta la universidad.
Por otra parte, el propio Wyndham, perfectamente consciente del valor estratégico de su ficción, establece un sencillo y riguroso análisis estratégico, cuando señala:
“Te haré una pregunta. Si quisieras desafiar la supremacía de una sociedad bastante estable y muy bien armada, ¿qué harías? ¿La enfrentarías en su mismo terreno, desencadenando un ataque probablemente costoso y ciertamente destructivo? O, si el elemento tiempo no tuviera gran importancia, ¿no preferirías acaso recurrir a una táctica más sutil? ¿No tratarías, por ejemplo, de introducir una quinta columna, para desencadenar tu ataque desde adentro?”.
Estos son dos ejemplos generales, a nivel táctico y a nivel estratégico, del trabajo de destilación estratégico-quintacolumnista, que podemos extraer de la ciencia ficción.La idea del quintacolumnismo está tan arraigada en la ciencia ficción, probablemente, porque en ella confluyen los problemas, trasmutados en oscuros y arquetípicos temores, del hombre contemporáneo. Y en el mundo tecnológico y globalizado, nuestro máximo temor es el Otro, especialmente, cuando su aparición/infiltración afecta a nuestra identidad.
El ciudadano del finales del siglo XIX y comienzos del XXI teme la alteridad y aún más su propia alteridad, es decir, al emigrante o al homeless, al robot o el extraterrestre, pero sobre todo a si mismo, a ese ser diferente, cyborg o mutante, que crece en nuestro interior. Vivimos al filo de una era de cambios profundos, generados por la hipertecnología, que somatizamos imaginariamente en el cine de ciencia ficción, fantasía y terror. En este sentido, la imagen de Alien (1976) la célebre película de Ridley Scott, en la cual un aparentemente recuperado John Hurt, navegante espacial infectado por un huevo alienígena, sufre horribles convulsiones hasta que su pecho explota y asoma la fea cabeza de un pequeño alien (extranjero, extraterrestre), es el icono perfecto de esa nueva situación. En nuestro interior crece un nuevo yo extraño, mezcla de animal y artefacto mortífero, despiadado y brutal; más tarde se convertirá en un alien adulto, cuya ominosa apariencia biomecánica diseñara el siniestro ilustrador suizo Giger (y bajo cuyo traje, significativamente, se escondiera un emigrante africano masai Bolajo Bolayi que sí podía dar la talla para el traje del monstruo), para dominar la nave humana Nostromo (originalmente llamada Leviatán…).
En una etapa más reciente, una película como The Matrix (1999) de Larry y Andy Wachowsky (que esperamos analizar en detalle en otro momento), pese a sus fallidas segunda y tercera entrega y a su desorbitada mitificación, puede ilustrarnos sobre el problema de los cruzados procesos quintacolumnistas de infiltración entre poder y resistencia.Siendo conscientes del gran poder generador de este quintacolumnismo de ficción, tenemos que ser capaces de aprovechar justamente a la manera quintacolumnista esa corriente, estudiando de manera racional la operatividad de sus tácticas y reintroduciendo un quintacolumnismo diferente -como si de un virus mejorado genéticamente se tratara- para la causa de la hiperpolítica alternativa y de la democracia participativa.
En este ámbito, la mejor forma de introducir el quintacolumnismo digital, alternativo e hiperpolítico es, sin duda, escribir y publicar ficciones hiperpolíticas, detalladamente quintacolumnistas (aprovechables como inspiración estratégica), que aspiraran a convertirse si no en best-sellers, al menos en obras conocidas más allá del círculo restringido de los aficionados al género; por los intelectuales, los jóvenes y, en general, por los colectivos de la alterglobalización. La ciencia ficción puede convertirse en el verdadero laboratorio estratégico de la quinta columna digital, a modo de brainstorming táctico y, a la vez, en un espacio de simulación imaginaria de sus posibles resultados.
En este sentido, de momento, aparte de observar y destilar estrategia quintacolumnista de la ciencia ficción al uso, Internet es el cauce privilegiado para trasmitir estas ideas y actitudes y generar este (in)confesable propósito experimental de la ciencia ficción hacia la hiperpolítica quintacolumnista. Las ficciones breves, baratas, comunales, copyleft que circulan por la red debieran de ser la punta de lanza de esta retaguardia imaginativa de la ciencia ficción quintacolumnista. Y, en este aspecto, los grupos de aficionados con sus sites, foros y blogs, debiera ser su caldo de cultivo natural.
No obstante, siendo a estas alturas escépticos sobre los espejismos de la espontaneidad en la red, no estaría de más abogar -de nuevo- por la creación de lo que en otra ocasión hemos llamado pomposamente la IECF o Instituto de Estudios de la Ciencia Ficción. En una cultura como la nuestra, tardíamente incorporada a la ciencia ficción y todavía reacia a considerarla seriamente, una suerte de instituto más o menos académico destinado a estudiar la ciencia ficción a través de congresos y publicaciones, sería una novedad de lo más saludable. Lógicamente, de acuerdo con nuestros propósitos, debiera ser inoculada por teóricos quintacolumnistas de una ciencia ficción alternativa, que pugnara por encima de cientificistas hard, tecno-herméticos desaforados y post-ciberpunks románticos.
Pero, siendo realistas, en todo caso, nos conformaremos con desear, proponer y apoyar al menos la creación de una o varias e-zines sobre ciencia ficción e hiperpolítica quintacolumnista, para reunir a los disidentes dispersos: creadores marginales, aficionados interneteros, filósofos de la ciencia ficción, etc. Todos los lectores y creadores de una ciencia ficción alternativa estamos llamados a plantar en la red la semilla de la rebelión quintacolumnista. Entre todos debemos criar al pequeño pero fiero alien quintacolumnista para que crezca y se convierta en un espléndido monstruo colectivo en el interior de la nave global del cibermundo.
La única cuestión pendiente es quien le pone el cascabel a este pequeño Leviatán rebelde y lo cría …
CIBERGOLEM’06
1- Carlos A. Scolari (2005) No pasarán. Las invasiones alienígenas de Wells a Spielberg. Páginas de la Espuma, Madrid.
2- El perfil lingüístico de esta novela en relación a la filosofía de Wittgenstein ha sido considerado en el capítulo inédito “Ciencia Ficción y Filosofía” de la tesis parcialmente publicada de Andoni Alonso Puelles (2002) El arte de lo indecible (Wittgenstein y las vanguardias). Universidad de Extremadura, Cáceres.
3-Tal como nos propone la Escuela de la Multitud, planteada por Francisco Baño, como aplicación práctica de las teorías de Michael Hardt y Antonio Negri, en el sentido de crear condiciones de verdadera democracia participativa en las aulas.