De la estrategia
Es evidente que la hiperpolítica alternativa necesita una estrategia para tener sentido y eficacia. Los movimientos puramente espontáneos terminan por desaparecer, por lo que debe existir además de un lugar hacia donde canalizar toda esa energía alterglobalizadora, un modo de realizarlo. Aunque en ocasiones esa estrategia sea introducir el caos en el orden (como otra forma de orden, de un orden alternativo), es decir, la estrategia de la negación de la estrategia imperial; el espíritu estratégico debe permanecer; pues incluso una anti-estrategia apoyada en el caos requeriría una anti-planificación translocal. Lo que no podemos es seguir por más tiempo alimentando la creencia de que la sola contestación callejera es la panacea, ni tampoco que las tácticas aisladas del activismo o del hacktivismo son suficientes, pues corremos el riesgo de acabar cayendo en un mero exhibicionismo de contra-poder o micro-poder, del poder alternativo enfrentado al poder oficial, o apenas en la gestión conformista de bienintencionados proyectos críticos y solidarios. Una estrategia hiperpolítica necesita al menos algo parecido a un programa global, una serie de objetivos básicos aunque estos sean progresivos y flexibles, una estructura operativa coordinada y, cuanto antes, una teoría práctica, un mode d’emploi hiperpolítico. Pero incluso disponiendo de todo ello, no conseguiríamos avanzar si no tenemos un modelo estratégico adecuado para nuestro tiempo. Podemos quemarnos las pestañas leyendo a Tácito y a Sun Tzu, a Clausewitz y a T. E. Lawrence, a Maquiavelo o a Lenin, a Bakunin o al Subcomandante Marcos, pero no conseguiremos sino una animada ilustración de tácticas y estrategias bélicas o políticas que pertenecen a un pasado más o menos lejano. Hay que crear un modelo estratégico nuevo, sobre todo, porque se atreva a desarrollar en todos los órdenes la complejidad de la hiperpolítica. Nuestra apuesta es esta vagarosa promesa que llamamos quintacolumnismo, no porque contenga recetas mágicas, sino porque en nuestro mundo global, si queremos evitar la catástrofe y la guerra, parece la única vía posible: intervenir desde dentro, aunque sea desde los suburbios de la aldea global. Desde la retaguardia, porque no es tiempo ya ni de mártires ni de héroes, sino de la acción anónima y comunitaria de las multitudes cívicas. Sabemos cual es el modelo estratégico pero todavía no sabemos cual es la estrategia concreta -sería imposible incluso para un ‘genio militar’-, más allá de una serie de intuiciones surgidas del estudio y la experiencia. Es posible que nos encontremos en una fase temprana de esa estrategia, puramente táctica, de formación de una dispersa guerrilla hiperpolítica. Pero debemos evitar creer que esa deba ser la única actitud, ya que los modelos guerrilleros tradicionales -aunque sean de las guerrillas de la comunicación-, basados en una lucha errática del “enjambre” , no han explorado a fondo el quintacolumnismo. Probablemente la respuesta se halle, en estos momentos, en la creación de un corpus teórico-práctico estratégico de la hiperpolítica, a través de foros y reuniones en la que justamente participen todos los ciudadanos activistas. Pero incluso esta labor requiere una estrategia, que es a la vez hiperpolítica e hiperfilosófica, que alguien ha de iniciar o coordinar allá donde surja un nodo activo. Nuestra propuesta es de momento, sólo eso, una propuesta, un estímulo intelectual y un reclamo para que los pensadores y los ciudadanos anónimos, y especialmente a alguna organización responsable, para que se ponga manos a la obra. La experiencia de esta primera estrategia organizativa puede llegar a ser una inestimable lección para la estrategia quintacolumnista de la hiperpolítica y, al tiempo, una necesaria puesta en práctica de organización hiperpolítica a la hora de articular la República global.
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http://www.iablis.de/iablis_t/2004/goodson04.htm
http://litmuse.maconstate.edu/~glucas/archives/000042.shtml